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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Starlord

La década de los 60 fue, sin lugar a dudas, absolutamente fundamental para el género superheroico, fue la década Marvel, con la irrupción de la mítica editorial en un género que hasta entonces era prácticamente un coto exclusivo de DC. De la mano de autores como Jack Kirby, Stan Lee y Steve Ditko,... y de otros que se sumaron casi inmediatamente como Roy Thomas, Gerry Conway, John Romita, John Buscema o Gene Colan, Marvel renovó un género y sentó las bases sobre las que se asentaría durante las siguientes décadas, ganándose merecidamente el apelativo de La Casa de las ideas(que debería perder en la actualidad teniendo en cuenta las mierdas con las que nos obsequia ahora mismo, pero claro, aquéllos eran otros tiempos).

Con su universo superheroico plenamente consolidado, la década de los 70 se caracterizó por la observación de los géneros que estaban de moda en la cultura popular del momento y su integración en la editorial, ya fuera en su universo superheroico o en publicaciones totalmente alejadas del mismo. De esta manera Marvel adoptó géneros como las artes marciales (Shang-Chi: Master of Kung Fu, Puño de Hierro...), blaxplotation(Powerman), terror(La tumba de Drácula), la música disco(Dazzler) o ciencia ficción con casos como Los Guardianes de la Galaxia y Starlord.



Starlord nació de la mano de Steve Englehart y Steve Gan en las páginas de una revista, sin hacer mucho ruido. En dichas páginas se nos contaba la historia de Peter Jason Quill, un niño huérfano de padre que veía como su madre era asesinada por unos alienígenas, dejándolo profundamente traumatizado y deseoso de venganza. En aras de conseguir esa venganza consagrará su vida a la astronomía y al objetivo de ser un astronauta para la NASA, consiguiendo ser un astronauta perfecto a nivel técnico, pero dejando completamente de lado el requisito más esencial para trabajar en equipo, el elemento humano. Una entidad alienígena se aparecerá ante los astronautas para anunciarles que deben elegir de entre ellos al que consideren el mejor para llegar a ser un Starlord. Ésta es la premisa inicial en la que se basan Steve Englehart y Steve Gan para construir un buen cómic de ciencia ficción con una importante carga mística, metafísica y filosófica que sus sucesores se encargarían de desarrollar todavía más.

El tomo que publicó Forum en su momento en la colección Clásicos Marvel en blanco y negro, es un auténtico All Star en lo que a sus autores se refiere, si inicialmente teníamos a Steve Englehart en el guión, éste será sustituido nada más y nada menos que por Chris Claremont, y posteriormente por Doug Moench; mientras que si en la parte gráfica teníamos en principio a un desconocido Steve Gan, éste sería sustituido por John Byrne(acompañado de su inseparable Terry Austin), Carmine Infantino, Gene Colan(con entintado de Tom Palmer) y Bill Sienkiewicz(con entintado de Bob McLeod), únicamente los números dibujados por Tom Sutton suponen un considerable bajón a nivel gráfico, aunque Doug Moench mantenga un buen nivel con las historias.

Chris Claremont realiza aquí uno de los mejores trabajos de su carrera, después de haberle leído aquí, siento todavía más no haber leído este tebeo cuando estuvo el año pasado en las jornadas de Unicómic, y haberlo llevado en su momento para que me lo firmara, es más, reconozco que leyéndole aquí más de una vez he sentido el impulso de querer darle un abrazo de agradecimiento. El patriarca mutante ofrece una soap opera en la que la acción, la intriga y el sentido de la aventura, con espadachines y duelos de capa y espada, se funden con la ciencia ficción en su terreno más filosófico, en los que nos cuenta la historia de un explorador, de un aventurero atormentado en constante búsqueda del equilibrio personal y de sí mismo, acompañado por una nave que está viva, que siente y que padece, y que sobre todo le ama, ... una nave que querría con todo su ser poder encarnarse en una mujer para poder tocarle, besarle, acariciarle y amarle de una forma no platónica. A este Chris Claremont en estado absoluto de gracia, le acompañan un John Byrne magistral, y posteriormente un Carmine Infantino absolutamente pletórico.



Chris Claremont llega a escribir auténticas maravillas en forma de diálogos entre Starlord y su nave, para muestra unos cuantos botones. En primer lugar una declaración de intenciones efectuada por el propio personaje

Starlord: ¿Y qué me ofreces...un imperio...un trono?, dejé mis ambiciones en La Tierra. ¿No lo ves?, soy alguien que busca no sé...una especie de Santo Grial cósmico. Un sueño que es inalcanzable...o quizá..necesito ver qué hay detrás de la estrella más lejana. Tengo todo el universo. No necesito atarme a un trono.

Y ya junto a su nave.

Starlord: Oh, diablos, tienes razón. Supongo que el círculo de mi vida se ha completado. Vengué el asesinato de mamá, encontré a mi verdadero padre y desprecié un imperio...y todo en un solo día.

Nave: Entonces por fin eres libre.

Starlord: ¿Lo soy?, le rompí el corazón cuando me marché. No me pedía mucho. Quizás hubiera podido quedarme un poco más.

Nave: Eres lo que eres...como yo soy lo que soy. La nave definitiva, Peter Quill, pero también un ser vivo. Y con todo mi poder, no puedo ni tocar al hombre que amo o consolarle con algo más que palabras. Puedo crear la imagen de una mujer...pero jamás podré serlo.

Starlord: ¿Qué somos entonces?, ¿qué soy yo?

Nave: Eres Starlord...por supuesto...

Starlord:...Y tú eres mi compañera. Vamos, tenemos que forjarnos una leyenda.

o por ejemplo esta otra joyita.

Starlord: ¿Qué te parece la ironía, "Nave"?, él se convierte en el héroe aventurero y yo en el sabio consejero.

Nave: El cambio es esencial para crecer, y el crecimiento es esencial para la vida. Ahí está la maravillosa promesa de la humanidad, porque el ser humano posee una capacidad infinita para ambas cosas.

Starlord: ¿Nunca se terminará esta búsqueda mía...nuestra?, ¿nunca se cerrará el círculo?

Nave: Todo termina Peter, pero eso no es lo importante...puede que nunca cumplas tu destino...que ni siquiera te acerques a él...pero debes intentarlo. La gloria no reside en el éxito...o en el fracaso...sino en el intento.


En definitiva, una obra maestra del noveno arte.