Los seres humanos solemos tener una concepción muy arrogante de nosotros mismos, tanto en el aspecto colectivo en lo que a la concepción de raza o especie se refiere, como a la consideración de nuestra propia persona, de nuestro propio "yo". Consideramos nuestros problemas extremadamente importantes como si fueran lo único que existe en el universo, sin darnos cuenta de que La Tierra no es más que un minúsculo guijarro en la inmensidad del universo y que su desaparición no supondría ningún tipo de alteración en el orden natural de las cosas. En ese sentido una película de ciencia ficción como El increíble hombre menguante vendría a evidenciar lo dicho unas líneas atrás, ya que en ella el ciudadano medio descubre su propia pequeñez espiritual en comparación con el entorno que le rodea gracias a la progresiva disminución de tamaño físico a la que se ve sometido a lo largo del metraje de esta espléndida película de Jack Arnold.

Para aquéllos que no conozcan la cinta de Arnold, ésta narra la historia de Scott Carey(Grant Williams), un norteamericano medio que después de estar expuesto a una nube radioactiva comienza a encoger sin que absolutamente nadie pueda evitarlo. Esta anécdota sirve a Jack Arnold y al guionista y mítico novelista Richard Matheson(quien adapta al cine su propia novela) para no sólo realizar una metáfora de la pequeñez del ser humano en relación con la inmensidad de lo que le rodea, sino también conseguir como resultado una excelente película, extremadamente entretenida y con momentos de enorme virtuosismo tras la cámara, sobre todo en la media hora final en la que Jack Arnold da una enorme lección de cine manejando a la perfección la tensión y el ritmo cinematográficos. Jack Arnold nos muestra el terror de lo cotidiano, y cómo elementos y seres del todo punto inofensivos con nuestro tamaño normal pueden convertirse en absolutamente letales si poseemos el tamaño de un insecto, de esta forma un gato puede ser más temible que un león, una tarántula puede ser tan grande como un elefante... , un alfiler puede convertirse en la mejor de las lanzas, un hilo de coser puede servir como soga para trepar y el sótano de una casa puede ser más grande que un estadio.

También merece ser destacada, aparte del magnífico guión de Richard Matheson y de la maravillosa realización de Jack Arnold, la fotografía en blanco y negro de Ellis W.Carter, quien ofrece lo mejor de sí mismo precisamente en la mejor parte del film, en esa homérica lucha por la supervivencia a la que nuestro protagonista se enfrenta en el interior del sótano de su propia casa, en la que tanto Jack Arnold, como el actor Grant Williams y los efectos especiales de Clifford Stine, Roswell A.Hoffman y Everett H.Broussard se crecen para dar lo mejor de sí mismos.

Jack Arnold suele estar considerado como un cineasta sin personalidad, en el sentido autoral, que no pretende mostrar un mundo propio ni repetir una serie de temas o de estéticas en sus películas, y cuya mayor preocupación suele ser adecuarse de la mejor manera posible a la historia que está rodando, poniendo a su servicio toda su excelente técnica cinematográfica, como bien pudimos apreciar en las maravillosas secuencias submarinas de La mujer y el monstruo. Sin embargo, y a pesar de que esa consideración no está muy alejada de la realidad, Jack Arnold fue también un cineasta contracorriente dentro de la ingente producción de cine fantástico de la época, mucho más preocupada por mostrar la paranoia de la amenaza exterior que pone en peligro a la humanidad. En ese sentido el cine de Jack Arnold supuso una bocanada de aire fresco dentro de esa producción al mostrar la amenaza en la forma en la que los seres humanos tenemos de percibir al elemento externo a nosotros, ya sea un monstruo y su entorno natural(La mujer y el monstruo), como unos seres alienígenas que tan solo buscan reparar su nave y volver a emprender su rumbo, y no amenazar nuestro planeta(It came from outer space), o de cómo lo cotidiano puede convertirse en una amenaza(El increíble hombre menguante).


El increíble hombre menguante supone además, una terrible lección para los hacedores del actual cine comercial, ya que les demuestra que se puede hacer un producto entretenido, con ritmo y con garra sin insultar la inteligencia del espectador, y que los efectos especiales pueden ser una herramienta más al servicio de una buena historia, y no un fin en sí mismos. Una excelente película, en definitiva, que nadie debería dejar escapar.
El increíble hombre menguante
País: Estados Unidos
Año: 1957
Título original: The incredible shrinking man
Intérpretes: Grant Williams, Randy Stuart, April Kent, Paul Langton, Raymond Bailey, William Schallert
Fotografía: Ellis W. Carter en blanco y negro
Efectos visuales: Clifford Stine, Roswell A. Hoffman y Everett H. Broussard
Música: Irving Gertz, Elliot Lawrence, Hans J.Salter y Herman Stein(estos últimos no acreditados)
Guión: Richard Matheson según su novela El hombre menguante
Productor: Albert Zugsmith
Productora: Universal Pictures
Director: Jack Arnold
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