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lunes, 24 de octubre de 2011

Harper, investigador privado

Allá por el año 1966, fecha del estreno de Harper, investigador privado, hacía unos once años, en concreto desde el estreno en 1955 de esa obra maestra de Robert Aldrich llamada El beso mortal, que la figura del detective privado apenas tenía presencia en las salas de cine. Únicamente dos películas protagonizadas por el detective Mike Hammer, el mismo personaje del film de Aldrich, que fuera creado para la literatura por Mickey Spillane; My gun is quick(1957), y The girl hunters(1963) dejaron débil constancia de la existencia en las salas del detective privado en su sentido más clásico. Por tanto, la cinta dirigida por Jack Smight supuso, no solo una bocanada de aire fresco, sino la resurrección de uno de los máximos arquetipos del cine negro, aunque en este caso adaptado a los nuevos tiempos.
En el momento en el que comenzó el rodaje de Harper, investigador privado, Paul Newman ya había alcanzado un importante grado de madurez en una carrera que por aquel entonces ya contaba con clásicos del calibre de Marcado por el odio(1954), El largo y cálido verano(1957), El zurdo(1957), La gata sobre el tejado de zinc(1957), Éxodo(1960), El buscavidas(1960), Dulce pájaro de juventud(1961), o El premio(1963), por citar unos pocos. Estas películas suponían un indudable aval de solvencia para una carrera que aún le haría volar alto, y que le convertían en el intérprete idóneo para encarnar al detective Lew Archer, creado por el escritor Ross MacDonald, aunque para el cine vería su apellido cambiado al de Harper por sugerencia del propio Newman, quien creía que le daban suerte los títulos que comenzaban por H, y teniendo en cuenta que el título original de El Buscavidas es The Hustler, un servidor no puede hacer menos que darle la razón en dicha superstición.
El film de Jack Smight, incorpora una trama de investigación que recuerda vagamente al clásico de Howard Hawks, El sueño eterno, tanto por la premisa inicial, como por los sucesivos recovecos y palos de ciego que irá dando el personaje encarnado por Paul Newman, y también, por qué no decirlo por sus numerosos giros de guión. Otro punto en común con el film de Hawks, aparte de la presencia en ambos de la incomparable Lauren Bacall, todo un icono del noir más clásico, es el del personaje de Miranda, la joven malcriada interpretada por Pamela Tiffin, que recuerda vagamente al de similares características al que diera vida Martha Vickers en el inmortal film de Howard Hawks.
Harper, investigador privado tiene en su solvente reparto y en el efectivo guión escrito por William Goldman sus dos mayores bazas. En el primero encontramos intérpretes de la talla de Janet Leigh, Julie Harris, Robert Wagner, Arthur Hill o Shelley Winters, que añadidos a Paul Newman y Lauren Bacall forman un plantel de actores de primer nivel, mientras que en el caso del guión podemos encontrar ingeniosas y ácidas réplicas de diálogo tal y como marcan los cánones del género, y para muestra un botón"el fondo está lleno de buenas personas, solo el aceite y los bastardos ascienden" . Estos dos factores, unido al hecho de que podríamos considerar Harper, investigador privado como un film bisagra, a caballo entre los viejos esquemas del noir clásico y los nuevos conceptos que inundarían el género en los próximos años, recogiendo el testigo directamente desde El beso mortal(1955) para pasarlo a posteriores films como Gunn(1967), Hampa dorada(1967), El detective(1967), La mujer de cemento(1968), o Marlowe, detective muy privado(1969), lo convierten, a la vez, en un film fundamental en la evolución del género y en un entretenimiento que a día de hoy continúa funcionando, algo, sin lugar a dudas, muy difícil de conseguir.


Años después se rodaría una secuela dirigida por Stuart Rosenberg y protagonizada de nuevo por Paul Newman, Con el agua al cuello, pero ésa ya es otra historia.



Harper, investigador privado
País: Estados Unidos
Título original: Harper
Año:1966
Intérpretes: Paul Newman, Arthur Hill, Julie Harris, Robert Wagner, Lauren Bacall, Janet Leigh, Pamela Tiffin, Robert Wagner, Shelley Winters, Robert Webber.
Guión: William Goldman basado en la novela The moving target, de Ross MacDonald
Fotografía: Conrad Hall
Música:Johnny Mandel
Productores: Jerry Gershwin y Elliot Kastner
Productora: Warner Bross
Director: Jack Smight

miércoles, 19 de octubre de 2011

La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

Cuando un lector decide adentrarse en las páginas de La invención de Morel, excelente novela corta del argentino Adolfo Bioy Casares, y comienza la lectura de sus primeras páginas, cree estar adentrándose en una novela confesional, escrita en primera persona, sobre el cautiverio de un hombre en una isla desierta, al más puro estilo del Robinson Crusoe de Daniel Defoe.


Si ese lector prosigue su lectura, que seguro lo hará, habida cuenta de la excelsa calidad de su trama y de la potencia hipnótica del estilo de su autor, creerá estar ante una narración de género negro en la que se trata el tema del fugitivo y la caza del hombre.


Cuando ese lector continúa avanzando por sus páginas, ya cautivado por la narración, creerá ver una historia de amor, o incluso una reflexión de cómo el amor se convierte en medida terapéutica imprescindible para mitigar la soledad y salvaguardar la cordura, aunque sea por sustitución de un tipo de locura por otra, porque, ¿qué hacemos si no por amor, más allá de tiernas locuras?.


Más adelante cuando ese lector absolutamente entregado se ve incapaz de frenar el ritmo de lectura, descubre que esa narración breve que en principio creía emparentada con el género negro, pasa a ser una novela de ciencia ficción y una reflexión sobre el poder de la imagen, con todo lo atractivo que esto último resulta para los amantes del cine, y sobre la naturaleza y características del alma.


Y una vez concluya el centenar de páginas que constituyen la novela, ese lector que se ha aventurado a leer este clásico de la literatura argentina, no puede hacer otra cosa que esbozar, al cerrar el libro, ese tipo de sonrisa que únicamente emerge cuando se ha experimentado la lectura de una obra de mayúscula calidad. Sobre los recovecos de la trama, y acerca del argumento no pienso desvelar absolutamente nada, ya que si Borges los calificó como perfectos, ¿quién coño soy yo para enmendarle la plana al maestro?

miércoles, 12 de octubre de 2011

The Turtles: Happy together(1967)

En el mundo que nos rodea existen numerosos tópicos que han sido creados con la intención de simplificarnos su comprensión, y que aunque en ocasiones posean algo de verdad, en muchas otras contribuyen a arrojar falsa información. Algunos de los lugares comunes que adornan nuestro mundo son que los españoles somos todos toreros, que los alemanes comen salchichas, que en Holanda solo hay tulipanes, y que The Turtles son un grupo de una sola canción, y en el caso de la banda liderada por Howard Kaylan y Mark Volman esto no puede estar más alejado de la realidad.




Precisamente es la canción que da título a este excepcional álbum de pop, Happy together, la culpable entre comillas de que The Turtles sean despachados con demasiada frecuencia con tan inmerecida consideración. Y si bien es cierto que Happy together, la canción, es un clásico, no lo es menos que el resto del disco se encuentra a una altura muy similar. Happy together, el álbum, es un excelso trabajo de pop con influencias de la Invasión Británica con Beatles y Zombies a la cabeza, más la admiración que los Turtles sentían por la música de los Byrds, en el que brillan con luz propia las armonías vocales de Howard Kaylan y Mark Volman, y en el que se alternan composiciones propias como Think I'll run away, The walking song o Person without a care, escrita en solitario esta última por el guitarrista Andrew Nicol, con las canciones compuestas para ellos por Alan Gordon y Gary Bonner, miembros de The Unknown Magicians, como Happy together, She'd rather be with me, y Me about you.



Afortunadamente, no acaban aquí los temas de interés del disco, y pueden destacarse también canciones como Guide for a married man, que apareció en la película del mismo título dirigida por Gene Kelly, y protagonizada por Walter Matthau; la balada Like the seasons, o la extraordinaria Makin' my mind up, canción con la que se abre el disco, y que os traigo aquí, y con la que espero empezar a demostrar que los tópicos en muchas ocasiones no son en absoluto certeros, y pueden colgarle un injusto sambenito a una banda de gran valía como The Turtles.



viernes, 1 de julio de 2011

Los debuts de los más grandes(XVI): Crosby, Stills and Nash: Crosby, Stills and Nash(1969)


Poco podían imaginar David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash, cuando ensayaban y tocaban por puro placer ante la mirada de la mítica Mama Cass(miembro de The Mama's and The Papa's), que tras ser parte fundamental de bandas tan imprescindibles como The Byrds, Buffalo Springfield y The Hollies, cuya escucha es absolutamente indispensable para entender la música popular de mediados y finales de los 60 y de los 70, que después de ser parte activa, creativa y dominante de sus respectivos combos, todavía conseguirían elevar su ya de por sí legendario estatus a una categoría todavía más elevada. Evidentemente si la contribución a la música de estos tres mitos se hubiera circunscrito exclusivamente a las aportaciones que realizaron en sus grupos de origen, tanto David Crosby, como Stephen Stills y Graham Nash habrían pasado sobradamente a la historia de la música popular del siglo XX, pero para nuestro bien lo mejor estaba todavía por llegar.

The Byrds fueron el folk-pop de influencia dylaniana y beatliana, la psicodelia y el country rock(simplificando mucho su importancia), Buffalo Springfield fue rock, fue country, fue en definitiva América en toda su extensión, mientras que The Hollies fueron el POP, así, con mayúsculas, y fundamentalmente también fueron las armonías vocales, el inequívoco sello de identidad de la banda liderada por Graham Nash, Allan Clarke y Tony Hicks. Todo este marasmo de calidad confluyó en un dulce cocktail de ambrósico éxtasis musical en el que el bagaje anterior sirvió para sumar y multiplicar, o lo que es lo mismo para germinar en un proyecto en el que los tres convirtieron lo que ya sabían hacer en algo totalmente nuevo que, a mi juicio, superó con creces su obra anterior.


Crosby, Stills y Nash firmaron un debut inmaculado y celestial, un nirvánico tratado de belleza regado con cristalinas guitarras acústicas y unas voces muy diferentes entre sí que obraron el milagro que lamentablemente para los que somos madridistas todavía no ha conseguido obrar ninguno de los proyectos de Florentino Pérez, y es el de poner la galaxia al servicio del equipo y con ella construir un multiverso. Cada uno de ellos canta sus propias composiciones mientras que los dos realizan armonías vocales aparte de tocar sus respectivos instrumentos, si la voz de Stills es rota y rasgada, la Crosby es profundidad ilimitada, consistencia a raudales, sonoridad irrompible, mientras que la de Nash es dulce y aguda, aparentemente quebradiza, dando la sensación de que puede romperse en cualquier momento, pero nunca lo ha hecho ni lo hará. Las voces de David Crosby y Graham Nash a pesar de sus diferencias tienen en común que ambas son abanderadas militantes de la armonía, y su aportación a las maravillosas composiciones que Stephen Stills entrega en el álbum es la de crear un muro de sonido que haría palidecer de envidia al de Phil Spector. Suite: Judy blue eyes, You don't have to cry, Helplessly hoping y 49 bye-byes son ejemplos muy significativos de todo ello.


Por su parte Crosby entrega la mística y romántica Guinnevere anticipando en cuanto a sonoridad esa sensación de mirada al fondo del alma humana que transmitió la posterior Dejà vu(del álbum homónimo) y las canciones de su primer trabajo en solitario If I only could remember my name del que hablaremos por aquí en un futuro no sé si cercano o lejano, la rockera Long time gone y a medias con Stephen Stills, Wooden Ships, la cual se beneficia a su vez de las virtudes del muro de sonido vocal creado por las tres voces.


Graham Nash aporta Marrakesch express(de la que podéis ver una versión acústica junto a David Crosby un poco más abajo), Pre-Road downs, tema absolutamente pop que podría haber formado parte de cualquier trabajo de Los Hollies, y la que a mi juicio es su mejor contribución al disco, y la canción que mejor encaja con el estilo de su nuevo grupo, Lady of the island, preciosa canción de amor de tempo lento en el que la belleza de las voces constituye sin ningún género de dudas su mejor baza.


Realmente la existencia de una joya de este calibre justifica por sí sola la realización de una sección de discos de debut.



martes, 24 de mayo de 2011

Vacaciones en Roma

Hasta la realización de Vacaciones en Roma, el prestigio de William Wyler como realizador se había sustentado, y muy merecidamente, en su enorme habilidad para dirigir dramas, como bien demuestran películas de la entidad de Desengaño(1936), Esos tres(1936), Jezabel(1938), Cumbres borrascosas(1939), La carta(1940), La loba(1941), Los mejores años de nuestra vida(1946) y La heredera(1949). Por ese motivo, la realización de una comedia como Vacaciones en Roma supuso un reto en la carrera del director de Ben-Hur, no sólo por el simple hecho de tratarse de una comedia, sino también por el peligro que el propio argumento y el uso de una ciudad como Roma suponían, ya que hubiera sido bastante normal que Wyler hubiera caído en la sensiblería propia del cuento de la princesa y el plebeyo, y que a su vez hubiera usado Roma como como una postal de carácter turístico(no hay más que ver el Woody Allen de Vicky Cristina Barcelona para saber a lo que me refiero).



Afortunadamente, William Wyler sorteó estos inconvenientes con la habilidad de un funambulista y consiguió filmar una de las más grandes películas de toda su carrera, a la vez que una de las más recordadas. Aunque si bien, en principio tenía esos elementos de riesgo que he citado anteriormente, los resultados nos demuestran que en realidad Wyler no podía fallar, ya que tenía todos los triunfos en la mano: un espléndido guión de Dalton Trumbo, una pareja protagonista de ensueño, y su propia dirección, la de uno de los grandes maestros clásicos. El guión que escribió Dalton Trumbo en colaboración con John Dighton, y que tuvo que firmar con el seudónimo de Ian McLellan Hunter al encontrarse por aquel entonces en las Listas Negras de La Caza de Brujas, es un fino y perfecto mecanismo de relojería, un modelo absoluto de cómo narrar una historia, de cómo plantearla, desarrollarla y resolverla, y de cómo entretener al espectador, además de cómo hacer evolucionar a unos personajes que al principio de la película no son más que un vividor con pocos escrúpulos y una ingenua niña que apenas ha salido del cascarón, y que a lo largo del metraje terminan convirtiéndose en individuos mucho más completos y maduros.


En el guión de Trumbo(me niego a desarrollar el argumento porque supongo que todos la habréis visto), podemos encontrar temas como el amor, la lealtad a uno mismo y a los demás, y sobre todo y por encima del resto el del cumplimiento del deber por encima de otras consideraciones personales y el sacrificio que ello conlleva. Vacaciones en Roma cuenta con tres personajes principales, los interpretados por Audrey Hepburn y Gregory Peck, y la propia ciudad italiana que se convierte en una parte imprescindible de la historia. Después de haber visto la película bastantes veces siempre he tenido la sensación de que en ella Roma se integraba a la perfección en la historia, y ello es así porque Wyler no cae en ningún momento en el error de enfatizar o subrayar los lugares icónicos de la ciudad, y eso que los hay, y muchos: el Coliseo, la plaza de España, la fontana de Trevi, la boca de la verdad..., y con su clásica puesta en escena invisible, al igual que la de otros maestros como Ford, Hawks o Walsh, consigue que estos lugares representativos siempre estén al servicio de la tregua emocional y vivencial que experimentan los personajes interpretados de forma absolutamente mágica por Audrey Hepburn y Gregory Peck, bien secundados por un excelente Eddie Albert en el papel de fotógrafo amigo del personaje de Gregory Peck.



Vacaciones en Roma, la magia de la vida y el amor desfilando por Roma y por nuestras vidas, todo un clásico, y que es que William Wyler no podia fallar porque tenía todos los triunfos en su mano: una ciudad inmejorable repleta de belleza y tradición, una pareja protagonista perfecta, un guión magnífico y su propio talento, de esta forma es imposible fallar damas y caballeros.




Vacaciones en Roma
País: Estados Unidos
Año: 1953
Título original: Roman holiday
Intérpretes: Audrey Hepburn, Gregory Peck, Eddie Albert, Harltley Power, Harcourt Williams, Margaret Rawlings, Tullio Carminati, Paolo Carlini, Claudio Ermeli, Paola Borboni
Guión: Dalton Trumbo y John Dighton
Música:Georges Auric
Productora: Paramount Pictures
Productor y Director: William Wyler


domingo, 1 de mayo de 2011

They live by night

They live by night, la primera película que filmó Nicholas Ray, puede considerarse como una especie de puente entre Solo se vive una vez(1937), dirigida por Fritz Lang, y otras películas posteriores como El demonio de las armas(1949) y Bonnie and Clyde(1967), realizadas respectivamente por Joseph H. Lewis y Arthur Penn, ya que comparte con todas ellas el tema de la pareja de amantes fugitivos que lucha por escapar a su trágico destino.
Nicholas Ray, amigo personal del productor de la película, John Houseman, fue contratado por éste para que mejorara el guión basándose en los grandes conocimientos que el autor de Llamad a cualquier puerta poseía sobre el período de la Gran Depresión, y terminó viéndose dirigiendo la película, inaugurando así, de forma brillante, una de las filmografías más interesantes de la historia del cine con títulos como En un lugar solitario(1949), Johnny Guitar(1953) o Rebelde sin causa(1955), por citar una brevísima parte de su carrera. No en vano Jean Luc Godard afirmaba sobre Ray "si el cine dejara de existir, solo Nicholas Ray da la impresión de poderlo reiventar, y, lo que es más, de querer hacerlo". Con They live by night Ray inauguró su carrera de forma brillante. En el arranque de la película, justo antes del inicio de los títulos de crédito, podemos ver un primer plano de la pareja protagonista, formada por el recientemente fallecido Farley Granger, y por Cathy O'Donnell, mientras podemos ver sobreimpresionado el siguiente texto"este chico y esta chica nunca fueron correctamente presentados en sociedad, en su historia, ellos viven de noche", para inmediatamente pasar a un plano filmado desde un helicóptero en el que vemos un jeep en el que viajan cuatro hombres, tres forajidos y un rehén del que se desharán inmediatamente, huyendo campo a través. A partir de aquí el espectador puede hacerse una idea del contraste que supone en el film la noche y el día, identificada la primera con la clandestinidad y la huida perpetua, en contraposición al segundo, que simboliza la vida tranquila y legal.


Nicholas Ray opta por destacar el lado intimista de la fuga de los dos amantes, y pasa de largo por situaciones potenciales de suspense como la del atraco al banco, que queda en todo momento fuera de campo. Son abundantes los primeros planos con ambos personajes, en los que pueden apreciarse sus miradas, y sus diálogos a media luz, alejados del mundanal ruido de la vida diurna. A su vez Ray juega con diversos símbolos, como los relojes que se regalan los personajes, que vendrían a simbolizar el escaso tiempo que pueden estar juntos, o los barrotes a través de los cuales filma en diversas ocasiones al personaje interpretado magníficamente por Farley Granger. En ese sentido vemos a Granger mirar a través de unos barrotes oculto en la espesura nocturna, al personaje interpretado por Cathy O'Donnell, en el primer encuentro de ambos; también podemos ver esta situación a través de un coche, o bien tras el cabezal de una cama.



Aparte de la magnífica dirección de Nicholas Ray, que se ve potenciada por la excelente fotografía en blanco y negro de George E.Diskant, en especial en las escenas nocturnas a las que es capaz de darles ese aliento poético que reclamaba la historia. En They live by night podemos encontrar otros elementos de interés como la excelente interpretación de la pareja protagonista, muy convincente en sus diálogos, en sus miradas y en sus silencios, que logran transmitir perfectamente al espectador una sensación de anhelo de cotidianeidad cercenado por las adversas y fatales circunstancias; o el excelente guión firmado por Charles Schnee y el propio Nicholas Ray a partir de una novela de Edward Anderson, que sería adaptada bastantes años después por Robert Altman.




They live by night, es sin ningún género de dudas, una joya del género negro, en la que podemos elementos afines al género como una fuga carcelaria, diversos atracos, y sobre todo el destino trágico de una historia de amor condenada por la sociedad y por las circunstancias a tener un triste final. Exactamente igual que en Solo se vive una vez, El demonio de las armas o Bonnie and Clyde.



They live by night

Año: 1948

País: Estados Unidos

Intérpretes: Farley Granger, Cathy O'Donnell, Howard Da Silva, Jay C.Flippen, Ian Wolfe, Helen Craig, Will Wright, Harry Harvey, Marie Bryant, William Phipps, Will Lee, Jim Nolan, Teddy Infuhr.

Guión: Charles Schnee, adaptado por Nicholas Ray, a partir de una novela de Edward Anderson.

Fotografía: George E. Dikant en blanco y negro

Música: Leigh Harline

Productora: RKO Radio Pictures

Productor: John Houseman

Director: Nicholas Ray

POST DEDICADO A LA MEMORIA DEL RECIENTEMENTE FALLECIDO FARLEY GRANGER.




miércoles, 23 de febrero de 2011

Superman

Cuando los hermanos Salkind decidieron, a finales de la década de los 70, llevar a cabo el proyecto de realizar una película sobre Superman, las adaptaciones de cómics realizadas hasta el momento no habían tenido una gran sustancia, quizás con la salvedad de El príncipe Valiente(Henry Hathaway)(1954), y por lo general eran escasas, nada que ver con los tiempos actuales en los que éstas proliferan con asiduidad. Además, el principal defecto que éstas atesoraban era la de su excesiva deuda con la estética camp y con la pretensión de reproducir en la gran pantalla efectos propios del cómic tales como onomatopeyas y un tono excesivamente paródico que hacían un flaco favor al noveno arte, no hay más que recordar la serie televisiva de Batman para darse cuenta de ello. En la gestación de Superman, hubo varios factores que propiciaron que esta película sea algo totalmente diferente a lo que se había realizado hasta entonces en materia de adaptaciones del cómic al cine. En primer lugar, el fichaje de Mario Puzo para configurar una historia tan rica que posibilitaría la realización de dos películas que se rodarían simultaneamente. Posteriormente y atraídos por la estela de Mario Puzo, los Saskind pudieron contratar a Marlon Brando y a Gene Hackman para interpretar respectivamente los papeles de Jor-El y Lex Luthor, con lo que sus nombres dieron legitimidad al proyecto. Pero no fue sino el azar, el que quiso que Guy Hamilton(el director inicialmente previsto para el proyecto) dejara paso a Richard Donner, y esto último fue absolutamente clave para que el rodaje tomara forma hasta llegar a ser la obra que es hoy en día. Donner, que venía de realizar un clásico como La profecía, leyó el tratamiento del guión que Leslie Newman y Robert Benton habían realizado de la historia inicial perpetrada por Mario Puzo, y contactó con Tom Mankiewicz(sí, el hijo del realizador de Eva al desnudo) para que le diera una pátina de veracidad y de verosimilitud a la historia, en otras palabras que eliminara de la misma el tono autoparódico que podía leerse en sus páginas, para insuflarle seriedad al proyecto.



Precisamente, ésa fue la obsesión de Donner durante todo el rodaje, la verosimilitud, hasta el punto de que tenía en su casa enmarcado un dibujo de Superman con un bocadillo en el que se podía leer la palabra, y todo ello se nota en el resultado final del film. Uno de los muchos aciertos que tuvo Donner a la hora de ir construyendo la película fue el de conseguir la combinación justa entre grandes estrellas, muchas de ellas en papeles pequeños, como Trevor Howard, Glenn Ford, Marlon Brando, Terence Stamp, Maria Schell o uno de los niños prodigio del cine clásico, Jackie Cooper; y actores desconocidos como Christopher Reeve y Margot Kidder, quienes se revelaron como unos inmejorables Superman y Lois Lane.



La película de Richard Donner, al igual que la vida del propio Hombre de Acero, se divide en tres actos bien diferenciados que podríamos llamar con los nombres de Krypton, Smallville y Metrópolis. La primera parte ambientada en Krypton, es la más teatral del film, y posee un innegable trasfondo de tragedia griega, tanto por temática(el trágico destino final, la imposibilidad, sobre todo en el caso de Jor-El, de alterarlo...) como por estética. Krypton es una civilización milenaria que se nos presenta en toda su pompa y gravedad, muy similares a la del Imperio Romano, con un Consejo que es el que toma las decisiones, al igual que ocurría en la Antigüedad. Por ejemplo, en la secuencia en la que se juzga al general Zod(Terence Stamp) y sus secuaces por sus crímenes, vemos como el jurado emite su veredicto, y se nos aparecen los rostros aumentados de los miembros del Consejo en medio de la oscuridad repitiendo la palabra CULPABLE que recuerdan vagamente el Coro de una tragedia griega. Además, Donner tuvo el buen gusto de escoger a veteranos actores europeos clásicos, como la alemana Maria Schell, los británicos Trevor Howard y Susannah York(en el papel de Lara, la madre de Kal-El), y por supuesto Marlon Brando, muy probablemente el más europeo de los actores americanos, con lo que se reforzaba todavía más el trasfondo de teatro clásico que posee la parte kryptoniana del film.



El origen de Superman, como así dispusieron sus creadores Jerry Siegel y Joe Schuster, posee unas resonancias bíblicas evidentes, y su viaje recuerda tanto a Moisés como al propio Jesús, ya que la llegada de Kal-El a la Tierra es como la arribada de un mesías al que, a diferencia de lo que ocurría en la Biblia, no se le espera, pero cuyo destino es el de convertirse en un salvador de la humanidad. La idea de viaje se encuentra presente tanto en los cómics del personaje como en el film de Donner, que filma al bebé Kal-El en primerísimo plano mientras atraviesa el espacio y escucha de forma subliminal grabaciones con la voz de su padre en las que le habla de conceptos científicos tanto terrestres como kryptonianos.


Una vez transcurrido el interludio que supone el viaje entramos de lleno en el segundo acto de la película: Smallville, o lo que es lo mismo entramos en la adolescencia del personaje. Nos encontramos en los años 50, como podemos deducir por el hecho de que en la radio de los compañeros de instituto de Clark suene el Rock around the clock de Bill Haley and his comets, en un pueblo ficticio de Kansas(Estados Unidos), y eso se traduce en grandes paisajes agrícolas, campos de trigo y mucha, mucha luz. En esta parte de la película brilla con luz propia la elipsis, ya que vemos como el matrimonio Kent, interpretado por Glenn Ford y Phyllis Thaxter, encuentra la nave del niño Kal-El, para después ver como el joven Clark se desenvuelve en Smallville ocultando su secreto, y como su padre terrestre le hace ver que él está ahí para algo mucho más grande que presumir y alardear de sus poderes ante la gente. De esta forma, con tan solo unas pocas pinceladas el espectador puede sentir la importancia de sus padres terrestres en la humana formación del futuro Superman.



Metrópolis es por tanto, el tercer y más importante acto de la película, y por tanto, el más largo con diferencia, ya que supone obviamente el cuerpo de la misma, y es la parte del film en la que Clark/Superman y Lois Lane dominan las operaciones. La búsqueda de dos actores que pudieran encarnar tanto a Superman como a Lois Lane supuso la mayor dificultad para los responsables del casting de la película. En el caso del papel de Superman se pensó en actores como Paul Newman o Robert Redford, pero aunque como todos sabemos son intérpretes excepcionales, por rasgos físicos no daban la talla como Superman, y a su vez también se pensó en desconocidos. El problema es que muchos de estos se parecían al Último Hijo de Krypton pero no sabían interpretar, así que el problema era que o bien, se disponía de grandes actores que en palabras del propio Richard Donner"eran incapaces de volar" o bien, se disponía de tipos que no eran actores. En ese sentido la aparición de Christopher Reeve fue una auténtica bendición del cielo, y nunca mejor dicho. Físicamente daba la talla como Superman, verlo es simplemente ver al Hombre de Acero, y a nivel de interpretación supo salir perfectamente airoso del doble reto que suponía interpretar a Superman y a Clark Kent. Para interpretar al primero, en las secuencias de vuelo, se sirvió de su propia experiencia como piloto de vuelo sin motor, para dar verosimilitud(esa palabra que le gustaba tanto a Richard Donner) a las escenas aéreas, ya que no se limitaba a estar ahí, sino que se deslizaba en el aire e interpretaba mientras volaba; y para interpretar al segundo tomó la influencia del Cary Grant(reconocido por el propio Reeve) de películas como La fiera de mi niña para construir un personaje tímido, inseguro y apocado. Reeve adopta diferentes gestos corporales y tonos de voz para interpretar ambos papeles consiguiendo parecer dos personas absolutamente distintas, así, si para interpretar a Superman su voz es segura y firme, para interpretar a Clark ésta se vuelve insegura y tartamuda.


Para interpretar a Lois Lane se eligió a la desconocida Margot Kidder dentro de un elenco de actrices que incluía a Anne Archer, Stockard Channing y Lesley Ann Warren entre otras, y después de haber tenido la oportunidad de ver las pruebas que se llevaron a cabo para elegir a Lois Lane, no puedo estar más de acuerdo con los responsables de la película en la idoneidad de la elección de miss Kidder para el papel, ya que donde Archer y Channing resultaban únicamente pulcras y Warren sobreactuada, Kidder demostró que ella era Lois Lane desde el primer momento. Indudablemente, el buen tino mostrado por los responsables del film en la elección de los actores fue una de las claves de su éxito, pero también lo fueron sin duda, el guión en el que trabajaron Mario Puzo, Leslie Newman, Robert Benton y Tom Mankiewicz, y la excelente dirección de Richard Donner como demuestran secuencias míticas como las de la presentación de Superman con el primer rescate a Lois Lane, la del terremoto o la del vuelo de ambos personajes. Esta última es todo un clásico y es un prodigio tanto de guión como de dirección, desde la entrevista que Lois le hace a Superman, en la que se entremezclan las líneas de diálogo propias de la entrevista con el inicio el tonteo amoroso entre los dos personajes(el color de la ropa interior de Lois, que sea rosa, ¿le gusta el rosa?), hasta la propia antesala del vuelo en la que Lois hace referencia a Peter Pan. Esta comparación con Peter Pan no es casual, ya que por un lado el vestido que lleva Lois Lane recuerda vagamente al que lleva Wendy en la película de animación de Walt Disney, y por otro ella es como una niña dando la mano a un dios(según sus pensamientos expresados en voz en off) mientras vuela con Superman.



En definitiva, y por no extenderme durante más tiempo, aunque sería una película de la que podría hablar horas y horas, Richard Donner y su equipo consiguieron la difícil tarea de realizar la que fue, no solo una espléndida adaptación del cómic, sino también todo un clásico del cine.
Superman
País: Estados Unidos
Año: 1978
Título original: Superman: the movie
Intérpretes: Marlon Brando, Gene Hackman, Christopher Reeve, Margot Kidder, Ned Beatty, Jackie Cooper, Valerie Perrine, Glenn Ford, Phyllis Thaxter, Maria Schell, Trevor Howard, Terence Stamp, Sarah Douglas, Susannah York
Guión: Mario Puzo, David Newman, Leslie Newman y Robert Benton
Consultor creativo: Tom Mankiewicz
Fotografía: Geoffrey Unsworth
Música: John Williams
Productores: Alexander y Ilya Salkind
Director: Richard Donner


jueves, 26 de agosto de 2010

AC/DC: Powerage(1978)

Una de las máximas que suelo llevar cuando hablo de música, en definitiva cuando hablo de un solista o de un grupo por primera vez en este blog, es que la primera reseña que les dedico normalmente versa sobre el primer disco que escuché de dichos artistas, así si de Bob Dylan, por poner un caso, el primer larga duración que oí fue el Freewheelin', ése es el que aparecerá(como de hecho así fue) por estos lares, y si, por poner un ejemplo, el primer trabajo que disfruté de Elvis Costello fue el Trust, ése fue el que apareció por primera vez en uno de los primeras entradas de Travellings. Siguiendo esa misma regla de tres podéis deducir, y acertaréis, que el Powerage fue mi disco de iniciación a la más grande y representativa banda australiana de rock & roll en todo el planeta, AC/DC.



El Powerage es, además de un disco poco conocido de la primera etapa de la banda, con Bon Scott como vocalista, ciclo que conozco mucho mejor que el posterior con Brian Johnson, un trabajo absolutamente representativo del estilo que ha hecho de AC/DC lo que es, una banda de rock&roll, que no de heavy como muchos creen, cuyas canciones son directas y noqueadoras como un gancho de Rocky Balboa. Powerage ofrece los clásicos riffs de Angus Young, con sus solos adrenalíticos, sobresaliendo cuando deben, pero sin perturbar la ruidosa armonía marcada por la guitarra rítmica de Malcolm Young, y los berridos característicos del gran Bon Scott, ante los que resulta imposible permanecer impasible y no mover la cabeza.



Powerage es una inevitable sucesión de temazo tras temazo, de puro rock&roll desenfrenado, sin que en ningún momento el oyente pueda apreciar que el pulso de la banda australiana decae. Después de escuchar canciones del calibre de Rock'n'roll damnation, Gimme a bullet, Down payment blues, Riff Raff, Sin City o What's the next to the moon, por citar algunas, resulta absolutamente imposible haber permanecido impasible en el sillón, o incluso haber hecho otra cosa que no sea dejarse llevar por el ritmo milimétrico de AC/DC. Éste es un disco a escuchar en momentos bajos de ánimo, fundamentalmente porque una vez acabado te sientes como si acabaras de subir a la carrera las escaleras de Philadelphia, te sientes invencible, un héroe, aunque sólo sea durante un día como decía el gran David Bowie.



Alguna alma cándida y desinformada puede pensar que AC/DC realiza música para adolescentes, nada más lejos de la realidad. Aunque si has pasado la treintena y te gusta AC/DC, eso significa que sigues siendo joven, y sobre todo que amas la vida; y si por un casual no te gusta, eso no quiere decir ni mucho menos lo contrario. Por favor, que Dios bendiga a Angus Young y a Bon Scott.



sábado, 10 de julio de 2010

McQ

Las modas, como todos sabemos, impregnan con sus dictados los aspectos más insospechados de nuestras vidas cotidianas, sin que podamos, aunque queramos, hacer absolutamente nada por evitarlo. Afectan, por tanto, a los gustos y a los usos y costumbres, moldeando con su férrea dictadura nuestras almas. Podemos , hasta cierto punto, intentar aislarnos de ellas y no seguirlas de forma descerebrada, pero si bien podemos conseguirlo en muchos casos, no siempre podremos impedir que generen cuanto menos una cierta influencia sobre nosotros, aunque ésta sea, o al menos nosotros lo creamos así, absolutamente imperceptible. El arte en general, y el cine en particular, no son ni mucho menos impermeables a este tipo de fenómenos, que pueden transmitirse a través de otras disciplinas o directamente pasar desde la propia sociedad al mismo cine, o bien pueden generarse en él mismo, fruto del resultado de una película mítica, bien por su calidad, bien por su taquilla, o por ambas cosas. En el caso de la película que nos ocupa, McQ, podemos decir que es innegable la influencia de ese mítica cinta llamada Harry el sucio.


McQ, supuso un intento por parte de dos viejas glorias, como eran en ese momento, el actor John Wayne, el cual no necesita ningún tipo de presentación, y el director John Sturges, autor de películas tan emblemáticas como La gran evasión, Conspiración de silencio, Duelo de titanes o Los siete magníficos entre otras, de realizar una película policíaca que cogiera en la medida de lo posible el testigo de la ya clásica cinta de Don Siegel, y del cine de intriga que se realizaba en la década de los 70. Sin embargo, tanto Wayne como Sturges se encontraban en el ocaso de sus carreras, y eso se nota en el resultado final de la película, que si bien no es ni mucho menos malo, dista muchísimo de ser brillante. De esta forma, si el primero únicamente rodó dos películas más(El rifle y la biblia, y El último pistolero), el segundo clausuró su carrera dos años después con una película más, Ha llegado el águila, lo cual habla muy a las claras que sus mejores momentos quedaron algo atrás.



John Wayne interpreta al McQ del título, un policía veterano que investiga el asesinato de un policía amigo suyo, cuya reputación se encuentra bajo sospecha. McQ, por tanto, tratará de limpiar el nombre de su amigo mientras investiga el caso, a pesar de los esfuerzos de su propio departamento por ahogar su entusiasmo bajo toneladas de burocracia, y descubrirá una enrevesada trama de corrupción. Si bien tanto John Wayne como John Sturges se encontraban lejos de los mejores momentos de sus respectivas carreras, resulta innegable que el primero continuaba teniendo una presencia y un saber estar que para sí quisieran muchísimos actores actuales, mientras el segundo continuaba poseyendo un gran oficio como realizador, el suficiente para sacar adelante una película como ésta, que si bien, como he indicado antes, no es una obra maestra del cine, ni tan solo una de las mejores muestras del género policiaco de los años 70, sí es una película muy digna que continúa viéndose con mucho agrado, y que para mí tiene más puntos de interés que el de ser únicamente pasto de completistas y fans de John Wayne o de John Sturges.


A modo de anécdota, me gustaría indicar, para finalizar, que McQ posee interés para los aficionados al baloncesto NBA, ya que John Wayne en un momento de la película va a un partido de baloncesto, muy probablemente un Sonics-Lakers(ya que su personaje se encuentra afincado en Seattle), en el que puede distinguirse perfectamente a Wilt Chamberlain despejar hacia fuera un balón que había escupido el aro, toda una joya arqueológica, y que a pesar de su brevedad merece mucho la pena, a mí personalmente se me encendió el corazón de la emoción, y supongo que a Mo Sweat o a Jesús Duce, si han visto la película o si la ven en el futuro, les pasará exactamente lo mismo.
McQ
País: Estados Unidos
Año: 1974
Título original: McQ
Intérpretes: John Wayne, Eddie Albert, Diana Muldaur, Al Lettieri, Colleen Dewhurst, Julie Adams
Guión: Lawrence Roman
Fotografía: Harry Stradling Jr
Música: Elmer Bernstein
Productora: Warner Bross
Director: John Sturges

viernes, 2 de julio de 2010

Kinks: Face to face(1966)




Después de unos primeros álbumes como Kinks, Kinda Kinks y Kink Kontroversy en los que la banda liderada por Ray Davies realizaba una música cercana al rock&roll y al r&b, los Kinks dieron su particular vuelta de tuerca a su estilo inicial al igual que hicieron otros grandes grupos como Beatles, Rolling Stones o The Who por citar tres nombres señeros de la escena británica de la época, y se encaminaron hacia un estilo muchísimo más personal influido por el cabaret y el music-hall que les llevaron a convertirse en el grupo más inglés de las bandas de las islas. De esta forma si en el caso de Beatles y Who, Rubber Soul y Sell out supusieron un cambio con respecto a su estilo inicial, y si al otro lado del Atlántico, Pet Sounds ejerció la misma tarea con los Beach Boys, en el caso de los Kinks el trabajo que originó El Gran Cambio fue sin ningún género de dudas Face to Face.



A estas alturas, proclamar que Face to Face es una obra maestra de la música popular, debería ser una obviedad, pero quizás no lo sea tanto si tenemos en cuenta que muy probablemente este álbum quizás se encuentre un poco enterrado detrás de otras obras maestras del combo de los hermanos Davies como pueden ser The village green preservation society, Arthur o Lola vs. The Powerman and the money- go-round, y sería algo totalmente injusto, ya que al igual que los anteriores, Face to Face es una forma de hacer pop absolutamente personal e intransferible de un genio musical del calibre de Ray Davies, quien consigue un maridaje aparentemente imposible y sumamente perfecto entre diversas esencias como el music-hall y el cabaret, la campiña inglesa y el r&b, el aroma victoriano y los salones de té, todo ello tamizado por un cerebro repleto de cuchillas de afeitar y que disecciona la sociedad de su época, y por qué no decirlo también la actual, con la precisión de un bisturí en manos del mejor cirujano y la contundencia de un cocktail molotov. En el caso de la capacidad lírica de Ray Davies se podría decir que una palabra es una daga, un verso una espada, una estrofa un lanzallamas, un estribillo un tanque, y una canción entera una bomba de hidrógeno, acompañadas todas ellas de una melodia perfecta y maravillosa con sabor a miel para ocultar toda la hiel del bueno de Ray.


Querido lector, si pensabas ingenuamente que Los Kinks son un grupo al que se puede despachar únicamente con un recopilatorio de singles estás muy, muy, pero que muy equivocado, y este disco es uno de los muchos que te harían salir de tu error. Hazte con Face to Face, aquí comienza la auténtica grandeza.



POST DEDICADO A LA MEMORIA DE PETE QUAIFE, BAJISTA DE LOS KINKS RECIENTEMENTE FALLECIDO.



viernes, 21 de mayo de 2010

Encuentro en París


El séptimo arte, desde sus primeros tiempos, ha tenido una tremenda inquietud por mirarse a sí mismo y por mostrar las grandezas y las miserias que rodean a esta maravillosa forma de expresión que por sí sola revolucionó el pasado siglo. Numerosos y muy dispares realizadores se han aproximado a la contemplación y análisis del medio en el que trabajaban, ya fuera en películas en las que la mirada al cine estaba diluida dentro de un tono de comedia, como pueden ser, Cantando bajo la lluvia, dirigida por Stanley Donen y Gene Kelly en 1952, o Cinemanía, cinta protagonizada por Harold Lloyd y dirigida por Clyde Bruckman en 1932; en dramas en los que el mundo del cine tenía una importancia capital a pesar de que no fuera la razón de ser de las propias películas, como por ejemplo las versiones de Ha nacido una estrella, dirigidas respectivamente por William A.Wellman y George Cukor en los años 1937 y 1954; o en incisivas y corrosivas cintas en las que los realizadores prácticamente mordían la mano que les daba de comer, como pueden ser los casos de Joseph Leo Mankiewicz en La condesa descalza(1954), Vincente Minnelli en Cautivos del mal(1953), y Dos semanas en otra ciudad(1962), o Billy Wilder, en ese maravilloso díptico protagonizado por William Holden, y que conforman El crepúsculo de los dioses(1950), y Fedora(1978). El cine también se ha mirado a sí mismo de forma ideal y romántica, desde la perspectiva del cinéfilo que exhibe ante el mundo el amor por el medio en el que ha llegado a tener la fortuna de poder trabajar, como bien demuestran los casos de François Truffaut(La noche americana), José Luis Garci(Sesión continua), Giuseppe Tornatore(Cinema Paradiso), Woody Allen(La rosa púrpura de El Cairo), Ettore Scola(Splendor), Lorenzo Llobet Gracia(Vida en sombras), o Peter Bogdanovich(La última película),... Indudablemente esta práctica metalingüística exhibida por el séptimo arte daría para una investigación muchísimo más exhaustiva, tanto en extensión como en contenido bruto, de la que puedo dedicarle aquí desde este humilde blog, pero eso, sin duda, al menos en este caso, supondría el alejamiento de mi primera intención al realizar este breve recorrido, que no es otra que la de poder situar el film de Richard Quine dentro de esta tradición de cine dentro del cine.




Encuentro en París supuso el reencuentro entre William Holden y Audrey Hepburn, después de haber trabajado juntos diez años antes en esa obra maestra de Billy Wilder llamada Sabrina, y aunque este segundo trabajo conjunto no alcance el nivel de la anterior, sí posee notables puntos de interés, al menos para un servidor. Me gustaría advertir, eso sí, que no creo que Encuentro en París sea una película adecuada para todo tipo de paladares, dado el carácter de pura extravagancia y de experimento formal que exhibe a lo largo de todo su metraje. Pero, para poder apreciar esto último en toda su magnitud, antes debemos situarnos en el punto de partida del film de Richard Quine.



Encuentro en París nos narra la historia de un guionista, encarnado por William Holden, que recibe la visita en su alojamiento parisino, y durante un fin de semana, de una mecanógrafa(Audrey Hepburn), para transcribir y entregar ese mismo domingo el guión que se supone ya ha confeccionado. Como bien puede suponer el lector, tal guión no sólo no está confeccionado, sino que ni siquiera se halla pensado o mínimamente madurado, con lo que ese fin de semana será una carrera contrarreloj para conseguir culminarlo y entregarlo a tiempo al productor de la película.



La acción transcurre íntegramente en dicho apartamento, mientras ambos personajes van perfilando ese guión, bueno, al menos la acción real, ya que al estar imaginando una ficción, el espectador la ve constantemente representada en imágenes, y no solo eso, sino que cuando se produce una rectificación en la trama, la imagen rebobina hacia atrás hasta dar con el momento exacto a partir del cual se desea continuar. En ese sentido, si el personaje de William Holden imagina los títulos de crédito del principio de esa hipotética película, nosotros vemos esos créditos, si Holden dice que Frank Sinatra podría cantar la canción, escuchamos a Sinatra cantarla; si por ejemplo se dice que sale de un coche una mujer parecida a Marlene Dietrich, es ésta la que aparece aunque sea en un mínimo cameo de unos pocos segundos, y si Audrey Hepburn dice que tenía una cita con un tipo parecido a Tony Curtis es este último el que aparece en el film, aunque en su caso goza de un protagonismo infinitamente mayor que la Dietrich, alcanzando el carácter de personaje secundario del relato.





En esta ocasión el autor de Un extraño en mi vida, realiza un experimento formal en el que se mezclan los géneros y los diversos recovecos de las ficciones sin disimulo alguno, acompañados por diversas pullas a la Nouvelle Vague francesa en muchos diálogos entre ambos protagonistas. Si Encuentro en París se sostiene de alguna forma, es principalmente por las magníficas interpretaciones de William Holden y Audrey Hepburn, pareja que era capaz de sacar a flote cualquier cosa, y sin cuya presencia el film de Richard Quine sería sin duda un producto de una calidad muy inferior. Con todo ello, y a pesar de que a mí personalmente me ha resultado un producto entretenido, es una película sobre la que resulta prácticamente imposible que haya un mínimo consenso en las opiniones que los espectadores pueden tener sobre ella, debido fundamentalmente a su extravagante estructura y a su tono quizás excesivamente frívolo, quedando por tanto en un modesto lugar en comparación con las grandes cumbres del género de cine dentro del cine, por ello la recomiendo con bastantes reservas.


Encuentro en París
País: Estados Unidos
Título original: Paris when it sizzles
Intérpretes: William Holden, Audrey Hepburn, Noël Coward, Tony Curtis, Gregoire Aslan, Raymond Bussieres, Christian Duvallex
Guión: George Axelrod, Henri Jeanson y Julien Duvivier
Fotografía: Charles Lang
Música: Nelson Riddle
Producción: Paramount Pictures
Director: Richard Quine

sábado, 24 de abril de 2010

Los debuts de los más grandes(XV): The Hollies: Stay with The Hollies(1964)


En el año 1947 un niño llamado Allan Clarke se incorporó al Orsall Primary School de Manchester, el profesor le situó enfrente de la clase y preguntó quien quería sentarse con él, únicamente un niño llamado Graham Nash levantó la mano, el resto como se dice fue historia. Ahí dio inicio, al igual que en Casablanca, una gran amistad que fue la semilla sobre la que se cimentó uno de los grupos más importantes de la historia del pop británico, Los Hollies. Allan y Graham se incorporaron al coro del colegio y su primera actuación tuvo lugar en el salón de actos del mismo interpretando la canción The Lord is my shepard. Gracias a estas experiencias acumuladas en el coro del centro en el que estudiaban, cantar se convirtió para ellos en algo totalmente natural que hacían de manera espontánea, especialmente cuando iban caminando juntos camino de la escuela,...en ese coro escolar nació la semilla de las míticas armonías vocales del mítico quinteto de Manchester, y por qué no decirlo, también, en parte las de Crosby, Stills y Nash.



En la adolescencia llegó el rock&roll a sus vidas, Gene Vincent, Carl Perkins, Chuck Berry, Fats Domino, Eddie Cochran,...y muy especialmente Bill Halley y Los Everly Brothers. Tanta fue la influencia de estos últimos que Allan y Graham formaron un dúo llamado The two teens en el interpretaban numerosas versiones armados de su guitarra acústica y sus angelicales voces. Con los fichajes del bajista Eric Haydock y el baterista Don Rathbone se convirtieron primero en The Fortunes, para después pasar a denominarse The Deltas, para posteriormente con la incorporación de Tony Hicks adoptar definitivamente el nombre de The Hollies.



Al igual que ocurrió con otras grandes bandas del periodo como Beatles, Rolling Stones, The Who o Kinks; Los Hollies también cambiaron de batería al comienzo de su carrera, y esto se reveló como absolutamente decisivo para la consolidación de su sonido, ya que la incorporación del excepcional baterista Bobby Elliott supuso un enriquecimiento tremendo de la música que interpretaban Los Hollies, no sólo por la contundencia con la que golpeaba las baquetas, sino sobre todo porque sus influencias dentro del instrumento no se limitaban al rock&roll, puesto que los instrumentistas que admiraba y que influyeron en su manera de tocar pertenecían al ámbito del jazz, como por ejemplo Chico Hamilton, Joe Morello o Kenny Clarke.



Por tanto, Los Hollies, con las incorporaciones de Tony Hicks y Bobby Elliott, se encontraban preparados para dar el salto de calidad definitivo que les llevaría a ser grandes. Para llegar a las cotas de calidad y de creatividad musical que demostraron en los magistrales For certain because, Evolution, Butterfly y Confessions of the mind, por citar algunos de los álbumes más importantes, primero, y al igual que ocurrió con muchas otras bandas, pasaron por el camino de la grabación de versiones, como bien demuestra este primer álbum llamado Stay with The Hollies, que incluía una única composición del tándem Clarke-Nash, y un sinfín de versiones de artistas que admiraban y que formaban parte de su repertorio en directo.



En este primer larga duración encontramos versiones de Chuck Berry(I'm talking about you, Memphis), Doctor Feelgood and The Interns(Mr.Moonlight, que también fue grabada por Los Beatles en el Beatles For Sale), Little Richard(Lucille, aunque Los Hollies para su versión cogieron como modelo la interpretación más edulcorada que realizaron Los Everly Brothers), Maurice Williams and The Zodiacs(Stay, sin duda el mejor corte del lp, al que le dieron una velocidad y una energía de la que carecía la versión original), Bobby Day(Rockin' Robin), Roy Orbison(Candy man), The Contours(Do you love me) o Ray Charles(What kind of girl are you). Los Hollies, aunque todavía no habían dado el salto a la composición, mostraron, en este primer trabajo, su valía como intérpretes, entregando unas versiones muy interesantes en algunos casos, aunque siendo justos es un trabajo que promete más que da, aunque dé mucho, ya que como bien demostraron inmediatamente en los posteriores In The Hollies Style y Hollies, su potencial como grupo era muy superior al que demostraron en este estimable debut.








viernes, 5 de marzo de 2010

Dusty Springfield: Dusty in Memphis(1969)


Dusty Springfield es sin ningún género de dudas, una de las mejores vocalistas que haya dado el pop británico en toda su historia. Nacida en Hampstead, Londres en 1939 con el nombre de Mary Isabel Catherine Bernadette O'Brien, aunque el mundo la conocería como Dusty Springfield. Sus primeros pasos dentro del mainstream de la época transcurrieron guiados por la influencia del sonido Motown y de los grupos femeninos de Phil Spector con su célebre muro de sonido, como demostró en singles como I only want to be with you, y otros posteriores.

Casi con toda seguridad su admiración por la música negra, y su propia calidad humana, le hicieron desarrollar una fuerte conciencia acerca de las desigualdades raciales, lo que le llevó a negarse a actuar en Sudáfrica e incluso llegar a demandar, junto a su manager Vic Billings, al gobierno sudafricano del Apartheid por no permitir la entrada de negros a sus conciertos. Dusty después de una negociación inicial en la que se le decía que únicamente iba a actuar ante la audiencia blanca, se negó rotundamente, y ni siquiera llegó a viajar al país africano. Su afición por los sonidos made in Motown, de clara influencia en su carrera, le llevó a presentar en 1965 en la televisión británica, el programa The sound of Motown, contribuyendo de esta forma a la difusión de esta música en el Reino Unido.

En 1967 Dusty ficha por el sello Atlantic, y es aquí donde empieza la historia que realmente nos interesa, la grabación de esa obra maestra de la música popular llamada Dusty in Memphis. Los aficionados a la música pop y rock estamos acostumbrados a que sean nuestros ídolos quienes compongan el material que cantan, y en ocasiones olvidamos que hasta la llegada de Los Beatles, esto no era moneda común ni en la música americana ni en la británica, y por tanto podemos tener una cierta tendencia a "despreciar" injustamente a intérpretes que no componían su propio material, pero que poseían una enorme talla en el escenario y unas cuerdas vocales privilegiadas. Otra de las causas de ese posible "desprecio" la achaco a vivir en unos tiempos como los actuales en los que no componer tu propio material equivale prácticamente a ser una marioneta en manos de una discográfica dispuesta a facturar la "mierda" de moda que la muchachada reclame en cada momento; sin embargo en la época de la grabación de este álbum la industria funcionaba también de forma artística y la muestra es sin ningún género de dudas, la grabación de este disco.



Dusty Springfield
no componía sus canciones, salvo muy contadas excepciones, y dependía de las composiciones de genios como el tándem Bacharach/David, y el binomio King/Goffin entre otros, amén de muchísimos otros. Dusty in Memphis se puede calificar por tanto de trabajo industrial, pero es que claro, si grabas en Memphis, tu productor es Jerry Wexler, en tu disco componen Burt Bacharach, Carole King/Gerry Goffin, Randy Newman y Michel Legrand entre otros, tienes unos músicos de sesión de un nivel apabullante, un coro de voces negras, y al mismo tiempo tú cantas como los ángeles, el resultado únicamente puede ser bueno de narices.


Desde el clásico Son of a preacher man, compuesto por John David Hurley y Ronnie Stephen Wilkins, y que posteriormente sería a su vez grabado por Aretha Franklin, e incluido por Quentin Tarantino en la banda sonora de Pulp Fiction, a las numerosas composiciones que aporta la pareja formada por Carole King y Gerry Goffin como son So much love, Don't forget about me, No easy way down y I can't make it alone, a las dos canciones aportadas por Randy Newman(I don't want to hear it anymore, Just one smile), o la maravilla que aporta Michel Legrand(The windmills of your mind) o al que para mí es el gran momento dentro de un disco plagado de ellos, la bellísima composición de Burt Bacharach, In the land of make believe, en la que el oyente puede sentir que la voz de Dusty le acaricia suavemente la nuca, transmitiendo por ella un sinuoso cosquilleo como únicamente pueden hacer las más grandes.


Un clásico cuya audición únicamente puede hacer gritar al oyente de placer, y llevado por la enajenación producida por el júbilo de la reciente escucha exclamar cual Tarzán, ¡VIVA LA INDUSTRIAAAA!, lamentablemente después de apagar el reproductor, sacar el disco, uno vuelve a la cruda realidad, a los tiempos actuales y la industria actual.



domingo, 28 de febrero de 2010

The Byrds: Fifth dimension(1966)


Los Byrds, bajo el mando compositivo de ese auténtico gigante de la música americana llamado Gene Clark, realizaron dos excepcionales primeros álbumes llamados Mr. Tambourine man y Turn, turn, turn de folk-rock o incluso folk-pop en el que fusionaban con acierto el folk acústico de Bob Dylan con la electricidad popera de Los Beatles, al menos eso es lo que dice el consabido cliché, ya que yo personalmente no veo la huella de Bob Dylan, más allá de la evidente de las versiones, ni la de Los Beatles, y es aquí donde reside una de las enormes grandezas de esta banda, y es la de conseguir crear, a partir de sus influencias, algo totalmente distinto, que a su vez influyó a sus propios maestros. Dylan pasó a electrificar su sonido, y Los Beatles adoptaron el sonido de la guitarra de Roger McGuinn en numerosos pasajes de Revolver(John Lennon incluso llevaba las características gafas de éste durante la grabación), y George Harrison copió sin ningún pudor el riff de McGuinn en The bells of rhymney(canción que aparecía en Mr. tambourine man) para su If I needed someone.

Fifth dimension es un importantísimo punto de inflexión para Los Byrds, que marcó su posterior devenir y el sonido que exhibieron en esas dos obras maestras que son Younger than yesterday y The notorious Byrd brothers, pero pudo haber supuesto el fin de la banda. Hasta el momento Gene Clark dominaba por completo la faceta compositiva del grupo, con leves aportaciones del resto, en especial de Roger McGuinn; por ese motivo, cuando Gene Clark decidió abandonar la banda tras la grabación del single Eight miles high(incluido también en el álbum) por su miedo a volar en avión, algo que la banda realizaba cada vez con mayor frecuencia habida cuenta de su creciente fama, los restantes Byrds se vieron obligados a dar un enorme paso adelante en las tareas compositivas si no querían ver ante sus ojos el principio del fin de The Byrds, y de hecho lo dieron, y de qué manera. Roger McGuinn, Chris Hillman y David Crosby cogieron el toro por los cuernos y se revelaron como unos magníficos compositores, plagando el álbum de temas originales de una calidad extraordinaria en los que además consiguieron que el sonido de la banda alcanzara un nuevo nivel, sin renunciar por completo al folk-rock que caracterizó sus dos primeros trabajos y anticipando la psicodelia que caracterizaría los ya mencionados Younger than yesterday y The notorious Byrd brothers.

En este trabajo, Roger McGuinn, Chris Hillman, David Crosby y el baterista Michael Clarke colaboraron en la composición de los temas, en especial en Wild mountain thyme(en este caso realizaron la adaptación de una composición tradicional), y la instrumental Captain Soul. Aunque sería justo decir que la eclosión como compositor de Chris Hillman se produjo en el posterior Younger than yesterday, ya que aquí son Roger McGuinn y en menor medida David Crosby quienes asumen la responsabilidad. McGuinn firma en solitario la canción que abre el disco, y que a su vez le da nombre, Fifth dimension(y que podéis escuchar en el vídeo que adjunto a continuación), Mr.Spaceman, una extraordinaria pieza folk-rock en la que las armonías vocales byrdsianas lucen en todo su esplendor; y la lisérgica 2-4-2 Fox trot(The Lear Jet song). Por su parte David Crosby da una primera pista del excelente compositor que llegó a ser, con What's happening?, un tema que tiene todas las virtudes que hacen grandes a Los Byrds, buenas melodías, grandes voces y esa guitarra hipnótica del gran Roger McGuinn ; y ambos firman al alimón las también maravillosas(todas las canciones de este enorme trabajo lo son) I see you y Why(que aquí aparece como bonus track y que sería una de las canciones que darían forma al posterior Younger than yesterday).

Sin duda, la canción más famosa del disco sería Eight miles high, compuesta por Roger McGuinn, David Crosby y Gene Clark, y que supuso la última colaboración de éste con la banda, hasta la posterior reunión de los miembros originales del grupo, que se produjo con motivo del álbum The Byrds. Se trata de una canción absolutamente fundamental para entender el desarrollo de la psicodelia, en la que la Rickenbacker de 12 cuerdas de Roger McGuinn luce haciendo gala de su máximo potencial.


El álbum se completa con algunas versiones como el estándar de rock, Hey Joe, compuesto por Billy Roberts, y que fue popularizado como todos sabemos por el gran Jimi Hendrix; y el clásico del folk I come and stand at every door, un poema de Nazim Hikmet que fue musicado en su momento por Pete Seeger, que cuenta la historia de un niño víctima de la bomba de Hiroshima, y que Los Byrds supieron llevar hábilmente a su terreno. En resumen, Fifth dimension es un álbum excepcional, absolutamente ideal para descubrir a Los Byrds.