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lunes, 20 de julio de 2009

¿Qué me pasa, doctor?


La labor de José Luis Garci como divulgador del cine es sobradamente conocida, no sólo en lo que se refiere a su mítico programa en TVE, ¡Qué grande es el cine!(que continúa emitiéndose los viernes de madrugada por Telemadrid con el título de Cine en blanco y negro) y a su labor de edición de la revista Nickelodeon, impulsora de monográficos de realizadores o de diversos temas relacionados con el cine como pueden ser la Nouvelle Vague o la Caza de Brujas, amén de los diversos libros sobre cine que se publicaron bajo el sello Nickelodeon. En ese sentido podríamos decir que Peter Bogdanovich es claramente el Garci americano, por su exquisita labor en la divulgación de clásicos, en especial de Orson Welles y John Ford(su libro de entrevista con este último es de lectura obligada), y por su continua revisión de los clásicos dentro de su propia carrera como realizador. Sin embargo, y en esto difiere con Garci, su talento es bastante superior , y como consecuencia de ello, su mirada al cine clásico resulta mucho más natural y menos impostada que la de nuestro apreciado compatriota, dando, por tanto, como resultado una filmografía con títulos tan interesantes como El héroe anda suelto(1968), La última película(1968), Saint Jack, rey de Singapur(1979) o la más reciente ¡Qué ruína de función!(1992).


¿Qué me pasa, doctor? sería un ejemplo perfecto para hablar del amor y de la emulación que Peter Bogdanovich practica hacia los clásicos, en este caso la de la comedia clásica americana cultivada por genios como Howard Hawks, George Cukor, Billy Wilder, Buster Keaton o los hermanos Marx. Dicha emulación puede verse en la relación que mantiene entre sí la pareja protagonista formada por Barbra Streisand y Ryan O'Neal, que recuerda poderosamente a la mantenida muchos años atrás por Katharine Hepburn y Cary Grant en La fiera de mi niña de Howard Hawks; si Cary Grant era un tímido paleontólogo preocupado por obtener una clavícula intercostal, totalmente negado para la vida cotidiana y completamente dominado por su prometida, hasta que irrumpe en su vida una mujer con más morro que espalda, que habla por los dos y que tiene la facultad de revolucionarlo todo a su paso; Ryan O'Neal es un musicólogo que opta al premio de la fundación Larabee con su tesis sobre la capacidad sónica de las rocas prehistóricas, y que es un absoluto negado para la vida real, y que por supuesto vive dominado por su odiosa prometida, hasta que irrumpe en su vida el personaje interpretado por Barbra Streisand, dotado de unas características muy similares al encarnado por Hepburn 44 años antes en el film de Hawks. A pesar de lo que pueda parecer Bogdanovich imita con gracia los referentes clásicos, pero sabe insuflarles nueva vida, sin que el espectador tenga en ningún momento la sensación de estar viendo un hueco y vano ejercicio revisionista.


El milimétrico guión de Buck Henry, David Newman y Robert Benton juega con todas las situaciones de enredo que pueden surgir de la coincidencia de la existencia de cuatro maletines idénticos: los dos de nuestra pareja protagonista, otro con documentos secretos y otro con joyas, que los diversos personajes irán equivocando a lo largo de la película dentro de las diversas subtramas que afectan a los diversos maletines. De esta forma tenemos que el tipo de los documentos secretos es perseguido por un agente del gobierno con la intención de recuperarlos, que la señora del maletín de las joyas es perseguida por el recepcionista y el detective del hotel con la intención de robárselas, mientras que los dos restantes maletines, el de las rocas ígneas del personaje de Ryan O'Neal y el de la ropa del personaje de Streisand tienen tan solo la función de acrecentar la confusión y el equívoco en una película repleta de gags antológicos, tanto verbales como visuales, en un claro homenaje tanto a la comedia clásica de los años 30 y 40 como al slapstick más descacharrante.



¿Qué me pasa doctor? va incrementando su ritmo de forma frenética sin dejar un instante de tregua al espectador, totalmente atrapado con secuencias tan magistrales como la de la cena de la fundación, el incendio de la habitación de hotel o la antológica persecución por las calles de San Francisco con un gag tan medido y bien estructurado como el del espejo, o ese fin de fiesta frenético y delirante que supone la exposición de los hilarantes hechos ante un tribunal.

Peter Bogdanovich demostró con esta película que con talento se puede emular a los clásicos sin perder ni un ápice de frescura, y que si el objetivo se consigue el resultado no puede ser otro que la creación de un clásico de la comedia de todos los tiempos como ¿Qué me pasa, doctor?.


¿Qué me pasa, doctor?
País: Estados Unidos
Año: 1972
Título original: What's up, doc?
Intérpretes: Barbra Streisand, Ryan O'Neal, Kenneth Mars, Austin Pendleton, Sorrell Booke, Michael Murphy,Madeline Kahn, Stefan Gierasch, Mabel Albertson, M. Emmet Walsh, Randy Quaid
Guión: Buck Henry, David Newman y Robert Benton basado en un argumento de Peter Bogdanovich
Música: Artie Butler
Fotografía: Laszlo Kovacs
Productor y Director: Peter Bogdanovich

miércoles, 2 de julio de 2008

Tal como éramos


Cuando Sydney Pollack estrenó el remake de Sabrina leí unas declaraciones de Billy Wilder en las que después de preguntarle como se sentía después de ver el remake dijo: "Sydney Pollack me preguntó que me parecía , y yo le dije que como se sentiría él si rodaran un remake de Tal como éramos". El gran problema de los remakes de Hollywood es que en la inmensa mayoría de los casos son burdas copias del original, porque en la abrumadora mayoría de los casos , lo que convierte a esas películas en obras maestras no es el argumento, ¿acaso los argumentos de Hitchcock son brillantes?, pues no, son normales, convencionales, ¿qué es lo que hace grandes las películas del mago del suspense?, pues su forma de filmar y de resolver situaciones mediante una brillante planificación en imágenes. ¿Qué hace grande a Sabrina?, ¿su argumento?, ¿esa chica desdeñada por el hijo pequeño de los ricos jefes de su padre?, o , por el contrario, ¿no será la puesta en escena?, ¿no será el guión?, ¿no tendrán algo que ver Audrey Hepburn y Humphrey Bogart en todo ello también?. Todo esto viene a cuento porque Billy Wilder dio en el clavo, como no, en esas declaraciones suyas, no sólo por lo que atañía a su película, sino también porque al igual que él , yo también creo que Tal como éramos es una película irrepetible .


Irrepetible por esa pareja protagonista, porque nadie podría cantar ese tema mejor que Barbra Streisand, y sobre todo porque se trata de dos actores que ya tienen desde hace bastante , bastante tiempo la vitola de clásicos, ganada a pulso por su buen hacer delante de las cámaras. A su vez Sydney Pollack dirige como sólo los grandes pueden hacerlo y da a luz un hito del cine romántico. La película arranca con el reencuentro de dos personas que como veremos después de escuchar esa espléndida canción en los créditos iniciales , ya se conocían en su época universitaria. Veremos su progresivo enamoramiento y también intuiremos las causas de su posterior separación. Ella se compromete demasiado con las causas políticas, y él tal vez demasiado poco.


En Tal como éramos , Sydney Pollack nos lleva desde antes de la 2ª Guerra Mundial hasta la Caza de brujas mostrando los estudios de radio y el viejo Hollywood de manera excelente con tan sólo un par de pinceladas, situando a la perfección el amor de esta pareja en un contexto histórico determinado. Memorable es la discusión de ambos personajes sobre su forma de enfrentarse a la Caza de brujas del Senador McCarthy, él argumenta que todas estas reivindicaciones no servirán de nada y que con el tiempo ese productor necesitará un guionista y recurrirá a uno de los de la lista negra , y cenarán juntos y jugarán al golf, y se reirán las gracias; y por supuesto el personaje de Robert Redford tenía razón(eso fue realmente lo que pasó en muchos de los casos), pero la réplica del personaje de Streisand es demoledora: " las personas son sus principios".

Bellísima radiografía de una relación, en todas sus etapas. Eso es esta magnífica película del recientemente fallecido Sydney Pollack. Temo el posible remake de esta película, como temo el de cualquier película clásica, aunque éste llegará tarde o temprano por una sencilla razón. En el Hollywood clásico estaban justificados los remakes , que se producían de vez en cuando, como es el caso de El prisionero de Zenda; John Cronwell rodó la versión original en el año 1937, y Richard Thorpe rodó el remake en 1953. Entonces no existía el vídeo y la gente no podía acceder a la película original ni conocer la historia original si no se hacía un remake. Sin embargo hoy en día cualquiera puede acceder a una película clásica a través de internet o incluso a través de la compra del dvd pertinente, pero a pesar de ello se ruedan más remakes que nunca. Por un lado porque hay menos ideas que nunca y por otro lado porque Hollywood sabe que nadie va a ver una película antigua ni se va a preocupar por investigar un poco , probablemente estén esperando la escafandra de oxígeno y el kit de supervivencia no sea que les dé una urticaria o pillen el escorbuto por el visionado de películas sin colorines y con escasas explosiones. A fin de cuentas, no es algo sorprendente, la gente no lee y sin embargo los libros están al alcance de cualquiera en bibliotecas o en ediciones de bolsillo a precio económico.... pero, la gran mayoría de la población se empeña en realizar un sentido homenaje a la Edad Media. Hagamos un brindis por los monasterios.

Tal como éramos
Título original: The way we were
País: Estados Unidos
Año: 1973
Intérpretes: Barbra Streisand, Robert Redford, Bradford Dillman, Viveca Lindfords, Herb Edelman, Murray Hamilton, Patrick O'Neal, James Woods, Lois Charles
Guión: Arthur Laurents basado en su propia novela
Música: Marvin Hamlisch
Fotografía: Harry Stradling Jr
Productora: Columbia
Director: Sydney Pollack