

¿Qué me pasa, doctor? sería un ejemplo perfecto para hablar del amor y de la emulación que Peter Bogdanovich practica hacia los clásicos, en este caso la de la comedia clásica americana cultivada por genios como Howard Hawks, George Cukor, Billy Wilder, Buster Keaton o los hermanos Marx. Dicha emulación puede verse en la relación que mantiene entre sí la pareja protagonista formada por Barbra Streisand y Ryan O'Neal, que recuerda poderosamente a la mantenida muchos años atrás por Katharine Hepburn y Cary Grant en La fiera de mi niña de Howard Hawks; si Cary Grant era un tímido paleontólogo preocupado por obtener una clavícula intercostal, totalmente negado para la vida cotidiana y completamente dominado por su prometida, hasta que irrumpe en su vida una mujer con más morro que espalda, que habla por los dos y que tiene la facultad de revolucionarlo todo a su paso; Ryan O'Neal es un musicólogo que opta al premio de la fundación Larabee con su tesis sobre la capacidad sónica de las rocas prehistóricas, y que es un absoluto negado para la vida real, y que por supuesto vive dominado por su odiosa prometida, hasta que irrumpe en su vida el personaje interpretado por Barbra Streisand, dotado de unas características muy similares al encarnado por Hepburn 44 años antes en el film de Hawks. A pesar de lo que pueda parecer Bogdanovich imita con gracia los referentes clásicos, pero sabe insuflarles nueva vida, sin que el espectador tenga en ningún momento la sensación de estar viendo un hueco y vano ejercicio revisionista.

El milimétrico guión de Buck Henry, David Newman y Robert Benton juega con todas las situaciones de enredo que pueden surgir de la coincidencia de la existencia de cuatro maletines idénticos: los dos de nuestra pareja protagonista, otro con documentos secretos y otro con joyas, que los diversos personajes irán equivocando a lo largo de la película dentro de las diversas subtramas que afectan a los diversos maletines. De esta forma tenemos que el tipo de los documentos secretos es perseguido por un agente del gobierno con la intención de recuperarlos, que la señora del maletín de las joyas es perseguida por el recepcionista y el detective del hotel con la intención de robárselas, mientras que los dos restantes maletines, el de las rocas ígneas del personaje de Ryan O'Neal y el de la ropa del personaje de Streisand tienen tan solo la función de acrecentar la confusión y el equívoco en una película repleta de gags antológicos, tanto verbales como visuales, en un claro homenaje tanto a la comedia clásica de los años 30 y 40 como al slapstick más descacharrante.

