Una de las más insignes tradiciones que jalonan este blog prácticamente desde sus inicios, y que los más longevos seguidores de esta humilde casa conocen, es la de escribir un post estando borracho. Ejercicio sano, desprejuiciado y en numerosas ocasiones absolutamente necesario, ya que como bien es sabido, no solo "in vino veritas", sino que solo los niños y los borrachos dicen siempre la verdad.
La ira del Espectro, cómic clásico setentero perpetrado por el guionista Michael Fleischer y el dibujante Jim Aparo, era un tebeo que deseaba poseer prácticamente desde su salida a la venta hace ya unos pocos años, y que por diversas razones(problemas económicos al frente) no había podido todavía adquirir.
El tebeo bebe de la inmensa tradición de cómic terrorífico iniciada por la EC Comics en los años 50, que se vio interrumpida por ese cipote elevado a grado sumo, por ese despropósito insultante de la inteligencia humana llamado La seducción del inocente, perpetrado por ese defecador de cerebros llamado Frederick Wertham, que con sus prejuicios, su falta de ética, de moralidad(eso de lo que tanto pretendía presumir) y su estrechez de miras consiguió que el cómic americano viera frenada su evolución. Vaya, que el amigo Wertham consiguió él solito con el cómic lo mismo que los nazis hicieron con Polonia. Afortunadamente, la editorial Warren con sus revistas Creepy y Eerie a la cabeza consiguió recuperar el género del terror dentro del noveno arte, y a su vez, a sus autores más clásicos. Marvel y DC no pudieron ser impermeables a este revival del género terrorífico y publicaron diversos tebeos que recogían la esencia o la apariencia del género, dependiendo del caso. En ese sentido, dentro del ámbito de DC destaca entre otros, La ira del Espectro.
La ira del Espectro es un tebeo que a nivel de guión ha envejecido muy mal, (éste es el menos el eufemismo que emplearía si estuviera escribiendo este post totalmente sobrio), pero como llevo entre pecho y espalda cuatro cervezas no me voy a andar con lindezas ni con frases biensonantes. A nivel de guión, puedo decir que el trabajo de Michel Fleischer me parece una auténtica basura, de principio a fin, siendo incapaz de resistir el más mínimo análisis serio en cuanto a configuración y diseño de personajes, limitándose a seguir una plantilla fija consistente en comisión del delito por una serie de malhechores, con la consiguiente investigación por parte del detective Jim Corrigan(alterego de El Espectro) para posteriormente castigarlos como se merecen; y es en este castigo, donde reside, al menos a nivel de imaginación y de incorreccción política, el interés de un cómic como La ira del Espectro en los tiempos actuales que nos ha tocado vivir. El Espectro, para aquéllos que lo ignoren, es el espíritu de la venganza del colérico Dios del Antiguo Testamento(recordemos episodios como las plagas de Egipto, o Sodoma y Gomorra para recordar que el amigo divino no se andaba precisamente con chiquitas), y por tanto mata a aquéllos que cometen el mal, empleando castigos tan creativos como convertirlos en esqueletos, cortarlos con unas tijeras gigantes, o convertirlos en cera hirviente entre otras lindezas.
Ahora bien, si a nivel literario el interés de La ira del Espectro se circunscribe a la incorrección política de las resoluciones empleadas por el Espectro, territorio en el cual el cómic de Fleischer y Aparo continúa siendo un tebeo avanzado a su tiempo y al actual, ya que en estos tiempos de mojigatería salpicada de presunta dureza o de presunta dureza salpicada de falsa e hipócrita mojigatería resulta imposible dar tres pasos por la calle sin herir las susceptibilidades de por lo menos cuarenta colectivos minoritarios; en el terreno gráfico resulta un tebeo absolutamente recomendable, con un Jim Aparo absolutamente pletórico, con un dibujo y una narración visual absolutamente vigorosos, y es que Aparo en los años 70 era un puto crack, una auténtica estrella, cuya obra apenas hemos podido disfrutar en España(todavía espero una edición de su Batman setentero en color, incluido ese The Brave and the bold que en nuestra piel de toro fue publicado como todos sabemos).En resumen, un tebeo cuya compra está plenamente justificada aunque solo sea por el magnífico despliegue realizado por Jim Aparo en sus páginas, y es que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, y es que si yo, estando sobrio tengo bastante de lo primero, imagínense ustedes lo sincero que puedo llegar a ser yendo borracho.